07/04/2012

ESTOY ENAMORADO en gaita diatónica.wmv

MALA RABIA

Tengo en la memoria haber escuchado la historia del orígen del plato y de su nombre "MALA RABIA". Como siempre cada quien intenta apropiarse de lo bueno y cada quien lo cuenta como que se originó en su propia tierra. Yo digo y aseguro que fue por un lugar del interior de Piura, Perú; especificamente por algun lado de la provincia de Morropón y aún más especificamente por los caminos antiguos de Chulucanas. Pues bien, en un lugar del camino de pase obligatorio de cualquier viajante vivía una pareja de la que el marido gustaba invitar a pernoctar y alimentarse a quien quiera que pasase por allí, y "gratis". Para esto mandaba a la mujer preparar la comida. Seguro en esos tiempos era de "vacas gordas",o mejor dicho de "cabras gordas" y no había problema, las chacras daban, las crías se multiplicaban y siempre había. PERO como todo tiene su espejo las "cabras gordas" tuvieron también "cabras flacas" y los alimentos escasearon. De todas maneras el hombre no se importaba y asi mismo mandaba a la mujer preparar con lo que había.
Estando asi llegaron algunos viajantes y no había casi nada. El hombre dio la órden conocida y la mujer muy molesta no sabía qué hacer. Estaba echando chispas de "cólera", puso la mano en lo único que había en la alacena: solo unos cuantos plátanos amarillos (de esos grandes y gordos que llamamos plátanos para sancochar), un poco de queso mantecoso, unas cuantas cebollas, pescado seco salado (seguramente caballa). Cocinó los plátanos y luego los magulló juntamente con el queso, fritó (¿asi se dice?, por aqui se dice "frió"; que hablen los expertos) las cebollas en manteca, quizás todo lo que había como aliños, pimienta, un poquito de sal y luego de remojar y lavar la caballa seca para quitarle la salmuera la despulpó en hilachas y mescló con todo lo anterior. Bien caliente y al plato, mejor dicho a la barriga. Los viajeros gustaron tanto que cuando siempre que retornaban y pasaban de visita por esa casa le decían a la señora: "Señora prepárese ese plato como cuando usted estaba de mala rabia con nosotros". ¿Será verdad? claro que fue verdad, en Piura nunca mienten, "por mi chivito lindo". Y verdad también es que es delicioso. Una mescla de sal con el dulce del plátano que no se explica. El queso, la caballa, la cebolla; ya no, ya. Y es piurano por excelencia. Vivo lejos de mi tierra y de vez en cuando experimento y la preparo, es deliciosa. No se cocinar, imaginen cómo queda cuando alguien que sabe la prepara. Nació de un colerón, la mujer estaba molesta y fastidiada porque no había; ahora cuando se la prepara todos están contentos y nadie tiene rabia, a no ser a quien le sirven poco, y todo es fiesta. Mejor aún que siendo un plato tan simple y barato en SEMANA SANTA supera y es preferido que cualquier plato fino y caro del mundo POR POBRES… Y RICOS también. ¡Para meditar! AMÉM…doim!

25/10/2011

SOLEDAD

Soledad es agua de un río
sin piedras que lleven
la voz de su canto
a otras orillas

Es el volar de un pajarito,
buscando su nido,
sin dónde posar,
llevando en su pico
la agria esperanza de nada

Es el mirar de un niño
con llanto en sus ojos,
vacías sus manos,
queriendo reir,
queriendo saltar,
gimiendo por dentro
la ausencia de amor

Es el buscar del viento
las hojas de un árbol
que cae
herido por fuego
del hombre que labra la tierra
sufriendo,
creyendo,
luchando,
bebiendo la savia del suelo
mezclada al sudor de su cuerpo

Es la gaviota perdida
en el océano inmenso
de un sueño sin final
que apura la hora de despertar

Es el grito suplicante y desgarrado
lanzado al cielo por una madre
ante el cuerpo inerte
del hijo amado que no responde

Es el buscar sin encontrar;
es el llorar sin merecer;
es el cantar sin sonreír;
es el amar sin cosechar;
es el morir sin percibir;
es el final, sin existir.

20/08/2011


LA CULEBRA MALVADA


EN LA SELVA DEL PERÚ vivía una culebra hermosa y colorida, de las que no tienen veneno, que se deleitaba en asustar malvadamente a los animales silvestres mostrándoles sus dientes y dando mordidas rabiosas al vacío sacando y metiendo coléricamente su lengua en son de amenaza.


Su mayor anhelo era hacer el mal y se lamentaba por no poseer veneno como las otras para morder y matar y así satisfacer sus malvados deseos.


Cierta vez otra culebra, de aquellas venenosas, se acercó a un arroyo para calmar su sed. Antes de hacerlo depositó cuidadosamente el veneno de sus colmillos sobre una piedra lisa y limpia como tienen por costumbre las víboras en esta amazonía, que dicho sea de paso es el único lugar del mundo donde hacen esto, para no beber accidentalmente junto con el agua el poderoso veneno, dicen, lo que acabaría de inmediato con sus vidas.


La culebra no venenosa pasaba por allí, y viéndola, se alegró tanto al saber que había llegado el momento más esperado en su vida. Se acercó cuidadosamente por las espaldas de la venenosa y dio un susto tan grande en ella que, despavorida, se sumergió en la corriente del arroyo olvidando su mortal veneno encima de la piedra.


¡¡HASTA QUE AL FIN; LO QUE QUERÍA!!...


Apoderándose del veneno ajeno lo colocó en sus colmillos y para entrenar, antes de su primera víctima, daba bocanadas al aire tan fuertes, iracundas y descontroladas que, por descuido, acabó mordiendo su propia lengua. El efecto mortal del veneno fue violento y, la malvada, agonizando apenas consiguió decir con su lengua hinchada y balbuceando:



¡Desdichada de mí! ¡Pudiendo hacer el bien con lo poco que tengo... y ser feliz!


La muerte no le concedió más tiempo para concluir su meditación.


Me lo contó un gavilán que la observaba y que se la comió; menos la cabeza.


¡Palabra de ley!

12/08/2011

¿Cochito Cochito, ni más te hablo?


"Paz es aquella dulce sensación
en medio de la guerra
contra el odio y el desamor"

Recién llegado a la ciudad de Cuenca en el Ecuador allá por los años mil novecientos y tiractictac los estudiantes extranjeros que habíamos ingresado a la Universidad de Cuenca fuimos citados a censarnos o registrarnos en un cuartel del ejército por orden o disposición de un coronel médico de dicha institución. Fui y me hicieron esperar en la puerta. De adentro, un soldado, muchacho todavía, por entre las barandas dandome una moneda de un Sucre me dice: "Pana ("pata", "amigo"), por favor cómpreme una lata de pan, al frente en esa tienda". Crucé la calle y en la tienda pedí a la señora que me venda una lata de pan. Me entregó cinco o seis panes envueltos en papel de despacho. "Señora, ¿y la lata?". Es una lata, me dijo. "Esto es un papel, no una lata". Es una lata de pan "peruanito", aqui en Ecuador al Sucre se le dice "lata". El "peruanito" fue dirigido con un tono medio cachaciento, pero de buenas maneras y sonriendo. Entregué el paquete, el soldado lo abrió, me dio un pan y me agradeció. Al rato apareció el médico coronel preguntando dónde están los estudiantes extranjeros. Yo era el único "mona" (no sé si pedir disculpas a mis amigos ecuatorianos costeños, pero "mona" en Talara donde yo vivía se dice sin importar el género a los obedientes, adulones, cumplidos en sus compromisos, responsables, a quienes hacen las tareas escolares al día y encima las presentan), no había nadie más que yo.
Me hizo entrar a una sala, conversamos, me preguntó quién era, de mis padres, mi familia, el por qué de los estudios en el Ecuador y no en el Perú y otras cosas. Le dije que estaba preocupado, un poco asustado y ansioso por saber cual era el motivo de habernos convocado. Sólo quería conocerles y pedirles que se porten bien; pensé que iba a conocer a muchos futuros profesionales y médicos más aún; pero está solamente un futuro odontólogo y valió la pena, me dijo. Cualquier problema que tengas búscame y avísame, aqui estoy y pórtate bien. Durante los años de mi estadía algunas veces nos cruzamos en la calle y me saludaba como todos mis amigos: ¿Qué fue, "perucho"?
Siempre me porté bien, al menos eso creo; nunca tuve problemas serios a no ser en enero del 81 y por razones obvias el cuartel sólo de lejos. No lo busqué. Ahora qué alegría me da ver a los mandatarios de mi país Perú y el de mis amigos Ecuador reunidos conversando y dialogando con el fin de mejorar aún más nuestros lazos de amistad para el desarrollo común de nuestras gentes, peruanos y ecuatorianos, de mí mismo y de los míos. Ojalá que dure... y para siempre.

EL VIEJO Y SU BURRO

             La vaca no se acuerda cuando era ternera
                              EL BURRO
       
          Y el burro se debería acordar cuando era pollino
                              LA VACA

En la casa vecina vivían una pareja de ancianos con su “retafila” de hijos y nietos, todos ellos mis amigos. Me invitaron para ir a su chacra un día sábado tempranito; nunca me había despertado tan contento a las cinco de la madrugada, ese día sí por ser un día especial.
No fueron todos, sólo tres de los mocosos, el abuelo don José y yo, otro mocoso; cada uno montando su burro con destino a Sol Sol, no recuerdo a cuánto de camino. En la chacra el abuelo tenía que cumplir con sus faenas y traer las provisiones, nosotros de ayuda y más que todo de paseo.
El abuelo montaba el burro con montura, era suyo y no lo montaba nadie más. La forma del espinazo de la acémila y su silla de madera se amoldaban perfectamente, tantos años ya, con las “sentaderas” y piernas chuecas del viejo como si fueran uno solo. Nosotros a pelo; yo con bastante dificultad porque no estaba muy acostumbrado, en cambio los otros montaban y desmontaban fácilmente.
Ya clareando el día llegamos a la chacra. De inicio jugábamos en medio de los yucales todo juego que en casa no nos era permitido. “Peñíscale el rabo” decían, con uno montado encima del burro y, en vez de pellizcar, le jalaban los pelos del anca que el animal corría hecho un torpedo. Como era sin soga no me pude asegurar, el burro me tumbó y caí de barriga al suelo, caidaza que no dolió; no me explico por qué, pero no dolió. El viejo lo permitía creo que a propósito para aflojar las yucas que luego él las desarraigaba, cortaba y volvía a plantar. Nosotros las juntábamos y competíamos por ensacar.
Así pasaban las horas. Nosotros jugando y el viejo trabajando mientras tarareaba melancólico, pero contradictoriamente alegre:

…asómate a la ventana
para que mi alma no venga,
asómate a la ventana
para que mi alma no venga;

asómate que ya viene
la luz de fresca mañana,
asómate que ya viene
la luz de fresca mañana;

las aves están dormidas
las nubes vagan perdidas,
las aves están dormidas
las nubes vagan perdidas;

y tus ventanas abiertas,
y tus ventanas abiertas,
y tus ventanas abiertas…

El viejo no se cansaba de cantar y repetir “Mnchachos, falta poco, de aquí nos vamos. No muy tarde paquel tiempo nosalcance”. Hasta que de tarde, no muy tarde “paquel tiempo nosalcance”, iniciamos el retorno a Chulucanas con todos los burros cargados.
¡Qué tal solazo! Sol Sol bien merece su nombre y por duplicado. Allí el Sol sí quema, y el doble, sobre todo de tarde y en el camino que no hay sombra. Pero no se siente, no me explico por qué, pero no se siente.
Hasta que por fin llegamos de vuelta a Chulucanas que ya no era un pueblo pequeño, había crecido, ya era grande, ya era ciudad. Sus calles empolvoradas las recuerdo marrones, todo marrón; el aire, las casas con sus paredes de quincha, el barro, los adobes, las varas, las horquetas de algarrobo, los petates, las arañas con sus telas. Todo marrón claro y marrón oscuro en sus variados tonos. Las sogas y los burros amarrados en las puertas, las puertas y otros burros que andaban sueltos eran marrones, igual que las algarrobas y las pepas secas de mango que comían y los perros que los ladraban. Algunas banderas blancas colgadas de mástiles también marrones anunciaban la venta de comida, fiesta y chicha cremosita, medio blanca marroncita. Todo bajo un sol que no dejaba de brillar con fuerza en medio de un infinito celeste enemistado hacía tiempo con las nubes; y más brillantes aún que el Sol eran los ojos de “choloque” de un “quinchonal” de niños moñones de panzas marrones que jugaban calatos en las calles.
Éramos un tropel de cinco y el viejo adelante viró por otra calle. En realidad quien viró fue el burro porque el viejo iba durmiendo muy cansado, soleado y deshidratado a pesar que su sombrero le hacía una sombra más ancha que sus hombros; además era la hora de su siesta que no perdonaba por nada en el mundo. Nosotros les seguíamos.
Buena la hizo el burro que nos llevó hasta la puerta de un “piqueo” donde nos recibieron  como a reyes. Me puse muy contento porque el “chicherío” era el de Ricardina, una señora muy amiga en la familia, hermana pienso yo, y su chicha y su comida siempre fueron las mejores. Nunca supe por qué le decían “Siete Argollas”; ella lo aceptaba con cariño, “me gusta con tal que me gaste” me decía cuando yo le preguntaba, muchas veces le gasté, pero nunca me cobró. A mi mucho me quería, como a hijo; yo también, como a madre. Cuando era su día la gente no cabía y se peleaban por entrar; no sería por sus hijas que eran varias, muy alegres y bonitas todas ellas.
A pesar de sus flemas el viejo y su burro eran más conocidos que caballa seca con cebolla y zarandaja; los estaban esperando.

“Don Pepito yallegao” gritaron todos adentro.

Se armó la jarana, ¡y qué jarana!

Otra vez el burro por cuenta propia metió su cabeza en la entrada por el umbral de la puerta hasta donde las alforjas le permitieron. Sabía que la “Quirina”, así le decía yo, les serviría un poto de chicha más grandes que “bacinica”, llenitos que desbordaban, uno a él y otro al viejo.

“Pónles anisao comadre que así sola no nos gusta”
dijo el viejo apeándose, todo pretencioso; babeando igual que el burro.

Les pusieron anisado, y el burro se la tomó todita igual que el viejo.

“¡Daleotro!”

“deéjalo, probeciito, ques bien cabezepoollo”; dijo Ricardina

“¡Daleotro comaadre!”, refunfuñó el viejo, “si tú bien que lo conoces”

Y la Quirina le puso más.

La gente miraba al burro y comentaba:

“Sácalel veneno, Siete Argollas”
“Burrrro maleducao, miíra cómo soórbe”
“Hasta eruta… refatal… stárutaándo”
“Se pide perdón burrrro cochino”
“Paásale servilleeta queluusa”
“No quieere céquestá suucia”

Todo el mundo se reía, carcajada general, no dejaban escuchar. Sólo eso ya era fiesta.

Más adentro el viejo bailaba marineras y tonderos, y dijo “yo me quedo, hijito no me insistas, yo me quedo y no me voy.
- "Lagüela tevamatar"
- ¡Qué “mimporta” que la vieja me mate! ¡Me quedo, yo no voy!
Afuera el burro y su chicha y la gente festejando.
Al final, no se cuántos potos de chicha el burro se tomó.
Luego de llenar la barriga ya no de “chililiques” y papayas  como en la chacra sino de comida y en la mano un pedazo de carne seca asada continuamos para casa. El viejo se quedó y quien comandaba la tropa era el burro solo. Al caminar se balanceaba tanto por el peso de las yucas, papayas, camotes, mangos y limones que cargaba y por la chicha que había tomado. Le seguíamos en fila india rasgando y masticando la cecina con calma “paque dure”; todos en silencio a veces roto por alguna risa aguda cuando se lanzaba cualquier cosa en la cabeza del que estaba descuidado o por un profundo rebuzno de un burro antojado.
El burro del viejo conocía de memoria el camino de regreso entre las calles, nadie le guiaba, era él quien nos guiaba a pesar de estar borracho, porque borracho estaba. Un poto de chicha mezclada con anisado te tumba (eso ya de grande “mian contao”) y, si tomó de tres a cuatro de los grandes, el burro estaba más borracho que el hipo.
Ventarrones por aquí, polvaredas, remolinos por allá; perros por aquí, carros, camiones por allá. Plaza de Armas, hotel Americano, un poquito más allá, al frente, llegamos.
El burro del viejo entró primero, nosotros atrás embalados queriendo empuñarle que nos había ganado; ya dentro lo agarramos, descargamos y sus últimos pasos lo acomodaron parado completamente inmóvil debajo de un tamarindo en medio del corral. Las cuatro piernas abiertas para no caer, su cabeza tratando de rellenar con el pensamiento todos los huecos y baches del camino recorrido, su hocico casi tocando el suelo y, burro piurano, chulucaneño todavía, en menos de dos minutos, durmiendo.

La abuela con un palo de leña en su mano al vernos preguntó:

“¿Ónstel borracho?”

“Yentró primeriiíto, en el tamariíndo”; respondí.
  
“Ese no”; dijo
“El viejo, mi viejo,
¿nonstáa?
¿siaquedáuu?
¿mi viejo siaquedáuu?
¿tragüélta?
¿tragüélta siaquedáu?”

“Sigüelita, siaquedáo, tragüelta, tragüelta siaquedáo”; dijo el más pequeño.

“¡Túnotemetaschurritoeñerdacarajomnchachomitichimaleducaoquiatúnaidestiapreguntao!”

¡Del corral nació una diosa,
con sus brazos levantados,
en medio de un remolino
de patos y gallinas
que vuelan espantados!;

¡yo la vi!

El “tschié, gua, güelita nechonaaada…” quedó atrás; “¡patitas paqué te quiero!”, ya el “churritoeñerdacarajo” había salido corriendo atravesando el portón como un fantasma y el palo de leña en el aire buscando su cabeza para caer no se por dónde.
De espantos también el burro, ¡y qué espanto!; abrió un sólo ojo, dio un par de eructos, movió las orejas y continuó durmiendo. Un perro cojo debajo de un perol medio inclinado no se qué hizo, también voló. Ni un nieto quedó, solamente yo y la vieja.
“Pobre don José; levácaer…”; susurré ¡y la abuela me escuchó! Fue allí que sentí el ardor, eran las brasas de sus ojos quemando dentro de los míos que en vano intentaban esconderse como en piruetas detrás de mi cerebro. Quedé partido en dos, marrón pálido y petrificado igual al cerro Ñañañique detrás de la calle, que no mueve un pelo ni cuando truena.
La señora color de fuego brillaba roja y, sin apartar sus ojos de los míos, al “raato” me sonrió, sin duda me perdonó; pude respirar.
Su voz como que plañía:

“Viejo borracho,
nla casa niabla
que parece cojú.

¡Vasa veres graciao!

¡Pior quel viejo ñel burro,
que regresa borracho;
pero regresa!

¡Jalá fuera la misma laya, sgraciao!

De segurostá bailando,
¡la calzón con güecostá bailando!
¡Pareso llevólpañuelo!

¡Jijuneta sgraciao!
¡Agora vasaver!
¡Mias pagarás!

¡Va yover!
¡Juro que vayover!
¡Por mi taita que agora yueve!

¡Condenao!”

Al fondo el Sol levantaba sus ojos estirando sus cejas para arriba sobre la línea del horizonte queriendo ver todavía sus últimos rayos de luz naranja en el firmamento hasta que, sin más poder, se rindió a la noche; yo también.

Y al otro día temprano,
de mi casa yo aguaitando,
la leña ardía prendida,
la abuelita cocinando,
y el viejito cerca de ella,
bien sentado y esperando.

¡Parecía “cojú”!

Y el burro medio dormido,
primerito que comía,
debajo del tamarindo,
segurito se reía,
llenándose de algarrobas,
que bien se las merecía.

¡Otro que parecía “cojú”!

¿Si le llovió al viejo esa noche?, le llovió; la abuela lo había jurado, ¡y por su “taita”, que es sagrado! Aunque, por lo visto, ya estaban reconciliados o en proceso todavía.
La viejita lo miraba de reojo por un poco de atención, el viejo ni se importaba, veleto, perdido en sus pensamientos esperaba su café bien cargado y bien caliente como a él le gustaba y sin dejar de tararear, ahora bajito, la cantaleta ¡…y tus ventanas abiertas, y tus ventanas abiertas…!
En su rostro dibujaba una sonrisa que parecía “cojú”, igual que su burro. Pero no lo era; igual que su burro, sólo parecía.
Se querían, los dos viejos se querían; digo yo. ¿Qué más muestra de amor que la “retafila” de hijos y nietos que tenían?, todos ellos mis amigos, ¡¡mis grandes amigos!!

¡¡Gooooooordooo, sala jugaaaaaaar…!!

Del corral lleno de nietos me llamaban, “yelSolyastabajuera tragüeltalumbrando y quemando, los churres jugando y peleando, los patos, las “gaínas”, el perro durmiendo y…”; perdón…, la nostalgia me mata…, no puedo continuar…, estoy llorando.

.......... Este último agosto estuve en Chulucanas y di una vuelta por alli. La casa no la ubiqué. Ha cambiado esa cuadra, ha cambiado bastante, no habían "churres" ni corralones, peor burros. Don Pepito y su mujer no lo se, seguro al fondo en la Junín, ¿Dónde estarán? ¡Ni cómo coronarlos!

Caminé por la Cuzco hasta casi llegar al cerro, me pareció cerca, antes eran para mi distancias interminables, será que tenía las piernas un poco más cortas. ¡También, si la calle tiene asfalto y no hay piedras!!! lo que me asustó porque "redepente" por un momento pensé que habían asfaltado al Ñañañique; y hay nubes... 
¿Nubes?... ¡¡¡Viejo amigo!!!... ¿Viejo amigo... te me escondes? ¡¡¡Amigo...!!! ¡Fiel amigo...! ¿Te me escondes tras las nubes viejo amigo compañero? ¿Enamorando cuando puedes tras las nubes fiel amigo, enamorando a colores con las nubes viejo amigo compañero? ¿Arrancando los colores amarillos escondidos en el suelo de este cerro, chililique, mango verde, oro cobre, Ñañañique?
Da un tiempo, sale y mira, frente a frente las dos caras rutilantes, extasiadas, encendidas y me dice: "date prisa, tanto tiempo ya ha pasado, se nos va; la noche llega".
"La noche llega", asentí.
Y agarrando mis alforjas de nostalgias di la espalda, rasgando y masticandolas con calma, como a la cecina, pa' que duren, consumiendolas de a poquitos y saciarme por un rato para luego querer más.


No lo pude evitar,
ya de lejos, muy de lejos,
de reojo,
lo miré;
son sus cejas estiradas para arriba las que veo
encima del horizonte,
enamorando con las nubes,
estampida de amores coloridos voluptuosos,
de esas nubes voluptuosas pespiteando con el sol;
pespiteando con el sol,
pespiteando con el sol...


De reojo lo miré,
no lo pude evitar, 
por encima del horizonte
de reojo lo miré,
cuando sombras galopantes de la noche ya rodean
yo le dije hecho el Viejo Don Pepito Pretencioso

"Num burrito cabalgando,
   notro agosto volveré"

28/07/2008

Mis Piecesitos

MIS PIECESITOS
Me queman mis “piecesitos”
en medio “deste” arenal
el sol requete caliente
ni me deja caminar.
No traje ni mi camisa,
ni tengo donde pisar,
la arena tan menudita
parece un espinar.
Me queman mis “piecesitos”
pa’ cruzar este arenal,
¿dónde está mi algarrobito,
dónde estás algarrobal;
no ven que quiero cruzar
este ardiente pampanal
y que ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal?
Los veo desde muy lejos,
no llego a mi algarrobito,
no llego al algarrobal,
me queman mis “piececitos”,
no consigo ni caminar
y no traje ni mi camisa
pa’ tener donde pisar
y ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal.
Alcanzo a mi algarrobito,
alcanzo el algarrobal,
qué rica que está la chicha,
ya consigo descansar
y llega el aguaterito
arreando a su animal
y no me quiere llevar
Preparo otra carrerita,
diviso otro algarrobal,
me queman mis “piecesitos”
a través del arenal
y no traje ni mi camisa
pa' tener donde pisar
y ni quiere el aguaterito
llevarme en su animal.
Me queman mis “piecesitos”
pa’ cruzar este arenal,
¿dónde está mi algarrobito?
¿dónde estás algarrobal?
Plantados dentro de mi pecho
sombreando este arenal
ha quedado mi algarrobito
ha quedado mi algarrobal
adornando muy contentos
este bello transitar.
Ya no queman mis “piecesitos”
ni nunca más van a quemar.

05/05/2008

HÉROE ANÓNIMO

 

"Un niño puede olvidar lo que usted dijo... pero jamás olvidará cómo lo hizo sentir" C.W.BUEHNER
Cuando tenía seis años de edad vivía en Castilla, Piura, la tierra que me vio nacer, tierra tan caliente como el oro (que es) bajo un soplete en plena fundición.Un medio día caminaba por una de sus calles cerca de mi casa, no tenía asfalto, en medio de un arenal, con el sol como única compañía, y descalzo.
En un momento mis pies quemaban tanto, insoportablemente, que llegué a llorar de dolor sin atinar a nada. Por más que alternaba un pie y el otro la tierra quemaba como si tuviera brasas; creo que las tenía. Pasaría dos o tres minutos en ese sufrimiento, llorando, hasta que unos brazos piadosos me levantaron en vilo, sus manos pasaron sobre mis plantas que aliviaron el ardor de forma inmediata y me llevaron hasta la sombra de una casa. ¡Qué alivio!
Recuerdo la silueta de esa persona, algo delgado y alto, su edad no la puedo precisar. No recuerdo qué me dijo, yo era un niño; si agradecí, o no, creo que no le interesó. Me dejó en buena sombra y continuó su camino. Llegué a casa aliviado.
Siempre recuerdo con nostalgia y agradecido de esta persona que actualmente no sé si andará por este mundo y Dios debe haber premiado o lo premie por este pequeño y aparente insignificante acontecimiento.
Este hombre ha sido uno de mis héroes anónimos.
Para el último cumpleaños de mi hija lo recordé más intensamente por lo siguiente: En una de las calles del centro de Moyobamba, donde ahora resido, vi a una niña pequeña, de más o menos tres años de edad, bien vestidita, pero su ropita estaba sucia. Caminaba sin rumbo por el borde de la pista en medio de mucha gente y ¡SOLA!, sin ningún cuidado. Le pregunté con quién andaba, dónde vivía y lo que me respondía era en su propio idioma, no entendí nada.
Había salido a comprar pan y hamburguesas para la fiesta de mi hija y bajo este pretexto y el de estar apurado y que no podía distraer mi tiempo no le tomé más importancia; ¡continué mi camino, dejándola de la misma forma que la había encontrado!
Luego, regresando a casa ya oscureciendo, más o menos a seis cuadras de donde la había visto, la encontré nuevamente, continuaba sola y lloraba todavía. Era mi gran oportunidad para reivindicarme con mi conciencia más gorda y pesada que yo y aliviar su carga. Pregunté a una vecina y no la conocía.Las respuestas de la niña seguía sin entender ni descifrando cada una de sus palabras.
La llevé a la comisaría. Alli no dejaron terminar mi explicación; una señora ya había reportado su desaparición. La telefonearon de inmediato. Que no me preocupe y me agradecieron. Me despedí de la niña, le hice un cariño en la cabeza y quedó llorando mientras comía un pedazo de pan con hamburguesa, del cumpleaños de mi hija, que en casa le habíamos dado. Y yo, ¡ahhhh! satisfecho.
Me pregunto si algún día ella recordará este pequeño incidente? No lo sé. Dios quiera que sí y que yo sea uno de sus héroes anónimos. En ese entonces ya estaré viejito o quizás no esté, aunque sí en su recuerdo y en su corazón como en el mío está hace un quinchonal de años aquella persona que me levantó en sus brazos cuando quemaban mis pies bajo el sol ardiente de mi tierra que me vio nacer.

Desde que le robaron el banco de la Nación, la Nación no tiene dónde sentarse

ROBO DEL BANCO DE LA NACIÓN

29/02/2008

EL FURÚNCULO

"MIENTRAS TÚ DUERMES TRANQUILO
SIEMPRE PELIGRA TU POSTIGO"

El oficial de un puesto fronterizo bastante alejado, de esos donde uno se saca la mugre y pocos lo reconocen, casi todos los días insistía por la radio pidiendo su relevo. Estaba desesperado, hacía casi un año ya y parecía como que se habían olvidado de él, no dejaba de llamar hasta que, por fin, decidieron atenderlo. Gente va, gente viene, lo trajeron al puesto de comando. Al día siguiente el recién llegado no asistió a la formación matutina, estaba enfermo. El médico pasó un informe del estado de salud del oficial. En la siguiente órden del día se leyó a voz en cuello: “Descanso médico por diez días al Oficial Fulano de Tal”. Diagnóstico: “Furunculosis ínter glútea”.
(El furúnculo consiste en una acumulación importante de pus localizada en un folículo capilar (raiz del pelo). Inter=entre; glútea=pompis- quiere decir que también puede salir alli donde tú sabes. Suele ir acompañado de picor, hinchazón local y dolor; casi siempre es producida por una infección bacteriana; ¡huácala!)
No echamos a reír porque la formación es muy seria y se respeta al superior que está al frente; pero por dentro nos matábamos de risa y más aún después, en los comentarios entre los pinches, al imaginarlo cada uno de manera diferente echado en la cama de su cuarto, de piernas abiertas, tomando fotos al techo y con el ordenanza aireándolo con un abanico de hojas de aguaje en espera de su pronta recuperación.
El enfermero medio que cambió de profesión a cocinero llevando todos los días al cuarto del oficial un cargamento de coles verdes cortaditas en juliana y exprimidas con limón y un poquito de sal seguro para cataplasmas, que dicen ser muy buenas. Las vacas no alcanzaban para dar su leche que con panes remojados y dormidos de varios días -difíciles de encontrar- se le aplicaban cada ocho horas para hacerlo madurar. Las gallinas quisieron huelga, y al final la hicieron, por exceso de producción de huevos que los usaban hechos puré; higos de la receta del médico, si existían, se los hubiesen hechado, machacados. Un curandero de los que abundan por allí recomendó pasarle hortiga; la primera vez que lo hizo, y la última, el oficial se arrepintió y no lo repitió. El Mayor le mandó recetar la cara interna de la cáscara de plátano, y el plátano, ordenó; pero el enfermo no lo aceptó. Ni con corte marcial dijo.
Estábamos picones porque eran diez días de vacaciones mientras que nosotros teníamos que madrugar, formar, trabajar y la infaltable gimnasia de las cuatro de la tarde que “felizmente” y diariamente la cerrábamos con un buen partido de fútbol en cancha de tierra o de barro cuando llovía. En pocos días el oficial creó por costumbre estar al lado de la cancha justo a la hora de la gimnasia y del partido de fútbol; caminaba de piernas abiertas y con mucha dificultad mientras comía galletas de sal o de chocolate con una recontra y super burbujeante gaseosa y, encima, sacando cachita a todos los que podía: “¡Corre, corre …estás muy gordo!” o “Falta mote, falta mote…” o "¡Veinte ranas más!" y nosotros, con la lengua afuera. Al quinto día de su descanso estaba viéndonos jugar (después de las cachitas) y la bola salió de la cancha justo por delante de él. Echó a correr tras la redonda unos metros tipo recoge bolas, la detuvo con el pié, la levantó con maestría, dio unas cuantas pataditas, hasta de taquito, y con una formidable media chalaca (Creada en El Callao - PERÚ) la pateó hasta el arco donde el arquero no pudo atajarla porque fue un tiro excelente y porque se había quedado inmóvil de boca abierta al igual que todos nosotros al verlo tan agilito.
¡Qué golazo!
Quien hizo otro gol más bonito fue el Mayor, nuestro superior; desconoció el descanso médico y al día siguiente el susodicho estaba alineado con nosotros en las actividades de costumbre. Y para que los pinches no nos alegremos, el horario de gimnasia fue ampliado una hora más por diez días, gracias al furúnculo del oficial. Él jugaba de arquero, seguro que para disimular; o a lo mejor de verdad le dolía.
¡Cómo marca en nuestra vida un simple chupo en el poto!






...roti y ...reto
Cuando le di la noticia de la muerte de Luciano Pavaroti me respondió:
¿Quién, el gordo? Si
¿El gordo que canta? Si, el cantante
¿El cómico que cantó en el programa Mediodía Criollo de TVPerú? ¿Quiéééén?
El que hace chistes con Miguelito Barraza ¡Noo, ese es Casareto, el gordo Casareto! Te digo Pavaroti, Luciano Pavaroti!!!!!

08/01/2008

YO, UN ANGELITO y EL DIABLO
"Al que nace para tamal
del cielo le caen las pangas"
Si usted asi lo dice doctor, tendrá que operarme aunque me pele de miedo (Me entrego como el condenado a la guillotina porque ya no hay nada más que hacer) Cálmate, el médico dice que estás a tiempo, que felizmente no has demorado, sólo está encarcelada, un poco más y se estrangula ¡Qué cálmate ni cálmate! Tienes la suerte de tener una hernia que además de estar presa no sé dónde, todavía pretende suicidarse. La vez pasada que fue inguinal no me pude controlar en el quirófano y me noquearon. El despertar fue peor, parecía haber recibido una buena patada de karateca, ya sabes dónde Ya tienes experiencia de una cirugía anterior, no te preocupes. Mira qué enfermera más simpática, alli viene. Su sonrisa parece un choclo cuzqueño bueno para comerlo con queso. Qué amable, cómo te toma del brazo. ¡Relájate! Zuás! A ver, relájate con semejante aguja en tu brazo y encima te dice que es tamaño 18, grande y gruesa para que adentro sirva para otras más. Espera ver si a la hora de la rasurada te podrás relajar. La sala vacía, nadie me incomodará, sólo para mi; hotel cinco estrellas. Por lo menos tendré un poco de privacidad porque las enfermeras te destapan mostrando todos tus documentos a quien sea, hasta al frente de las visitas. Creo que lo hacen para vacilarse o para ganarse ¿No es agradable el paseo en camilla? Parece cuando eras chiquito y jugabas a los carritos. La sala está muy limpia, son tres camas, estás solo; luego alguien más te acompañará y tendrás con quien conversar ¿Hotel cinco estrellas, nadie te incomodará, sólo para ti? ¡Qué bueno! Ya te veo luego cuando no tengas con quien hablar, eres el único piña internado en año nuevo. ¿Carrito? no has visto las LIMUSINAS detrás del hospital ¡En qué carrito puedes salir! Llega otro, tenía razón, necesito compañía; he pasado casi cuatro horas solo y sin quitar el ojo de la manguera de suero buscando alguna burbuja de aire, dicen que van al corazón y tu existencia se resume a tres minutos Dale ánimo a tu compañero de cuarto, quizás lo necesite más que tú. Ama a tu prójimo Tu prójimo o tiene preinfarto o tiene neumonía y te puede contagiar. Si agarras esa tos que tiene, tu posoperatorio será fenomenal en cada estornudo. ¡Acuérdate, jejeje..., de amar a tu prójimo! Espero que me entienda con el pañuelo en la boca. Felizmente es bastante ameno y no cansa. No creo que a tres metros me contagie La enfermera de la linda sonrisa viene a llevarte, ya es hora de la cirugía. Todos son experimentados, asi que no temas, estoy contigo Si todos fueran experimentados nadie se enfriaría en sala. El espigón en la espalda estuvo bueno, y más todavía lo que me puso la anestesióloga en la vena. ¿Doctora, pensó alguna vez operar a Papá Noel en año nuevo? No hables, te hace daño y distraes a los cirujanos Si te callas la doctora patina, hoy es feriado, la sacaste en vilo de una fiesta a esta hora; debe haber tomado unas cuantas, mantenla atenta ¡Cómo me vacilo! Vas a dormir, espero verte personalmente, y luego. Está oscuro, no siento mis piernas, quiero moverme y no puedo. Dejaron un rollo de sábana debajo de mi espalda y parece un palo de algarrobo. Mi compañero de cuarto no deja de hablar, ojalá no tosa; la patada de karateca ya se siente, ahora en el ombligo Pasaste lo más difícil, te vas a recuperar, ahora es sólo esperar Eso le dicen a todos y todos no se recuperan, quien te espera soy yo. Lo de mi vecino no fue ni corazón ni neumonía; peor, no saben qué será. Espero que se recupere; pero no deja de hablar; me alegro que esté aqui, es feriado y parece que el hospital estuviese de mudanza. Por lo menos me acompaña, no soy el único piña Todo fue bien, no hubo complicaciones y mejorarás ¡Quién sabe! Puede haber infección. Ya está cerrando, pica poco y duele poco. Van varios días y la herida no cierra; dicen que es la grasa. Una tía viejita, la única visita, me comentó que en los chanchos las heridas sanan más rápido No tienes idea lo bien que te encuentras, ya estás trabajando, tu vida casi normal Quizás en la próxima no te escapas.
He querido hacer una catarsis de todos mis temores pasados respecto a esta cirugía que es una de las más simples. Las condiciones del hospital parecen negativas en esta narración; pero es todo lo contrario, muchas de esas cosas son producto de mi imaginación, por no decir de mi mariconada. Confieso que la atención que me dispensaron en el hospital de ESSALUD de Moyobamba fue de las mejores.
Sería injusto agradecer solamente a los médicos y personal de quirófano; todos se pasaron, en especial esos angelitos celestiales nocturnos vestidos de celeste que te atienden con su sonrisa de choclo cuzqueño y sus analgésicos en medio de la madrugada cuando solo escuchas toses.
Y aqui continúo aparentemente bien y gracias a Dios CON TODO FUNCIONANDO, creo que era mi única preocupación.
Ya pasé la prueba decisiva, y es la del juane. Justamente la tía viejita, la única visita, me llevó a casa un juane de yuca relleno con chancho; fue allí el comentario de la grasa del chancho, no le dije nada porque el juane, y de yuca, me encanta. Por mi gula me arriesgué y lo comí. No pasó nada. Si estuviésemos mal cocido y mal cosido yo hubiese reventado. No reventé. ¡Qué buena cocinera! ¡Qué buen cirujano!
Espero ir al hospital sólo de visita que hace mucha falta aunque nos vean en traje de Adán sin la hoja de parra.
Ya estoy trabajando y con seguridad también lo hacen el angelito y el diablo con aquel que esté de turno que espero no seas tú.

OPORTUNIDAD DE TRABAJO
Necesito chofer para línea de microbus en Lima.
ÚNICO REQUSITO
Cinco años de experiencia como mototaxista, especialmente en las ciudades de Iquitos, Pucalpa, Jaén, Tarapoto o Moyobamba.

27/12/2007

¿PLANETA DE LOS SIMIOS O DE LOS "MISIOS"?
"HOMBRE VERDADERAMENTE RICO ES AQUEL
CUYOS HIJOS CORREN A SUS BRAZOS
CUANDO TIENE LAS MANOS VACÍAS"
FRAMM

La televisión por cable mostraba en un programa muy entretenido a cierto grupo de personas dedicadas a la ayuda y conservación de animales en peligro de extinción; entre ellos algunos monos. Estas personas crían, cuidan y mantienen en sus casas a grupos familiares de monos. Los alimentan adecuadamente y muy bien, además los visten como si fueran personas, con trajes muy bonitos, muy lindos; por lo visto bastante costosos y dignos de pasarelas de fama. Hasta pañalitos descartables usaban. Los trajes eran mostrados colgaditos en ropero, y puestos también. Vestiditos tipo "polleras", "blusitas", "pantaloncitos", "camisitas", "bastante ropita"; llenos de colores. Todo iba bien hasta que una de las señoras "madres putativas" dijo que los "trajecitos" ya les quedaban pequeños a los monitos y que por lo tanto habían tomado la decisión (probablemente en asamblea) de donarlos para "los niños pobres", de "cierto país pobre", de "cierto continente pobre" (Lo dijo con nombres propios que no los repito)

Quienes veíamos el programa casi caímos de espaldas al piso, mejor dicho nos caímos; se nos bajó la sangre, se nos derramó la leche, se nos reventó el chupo, o como quieran entenderlo.

Particularmente creo en la riqueza, y al igual que la totalidad de los pobres (y ricos) del mundo la deseo, y busco; aquel que no, que levante la mano. De verdad que admiro a los países y personas que dedican su tiempo y dinero limpio (producto de trabajo esforzado) en conservar y cuidar animales en peligro de extinción (Nuestro Planeta APLAUDE por ellos). Está bien que alimenten y vistan animales de la forma que se quiera, al fin y al cabo cada uno es dueño de su plata y tiene la libertad de hacer con ella lo que más le plasca, siempre y cuando no entren sin permiso a mi corral. Pero me parece una gran metida de pata que en televisión por cable, en un gran canal de un país poderoso y visto en todo el mundo se diga que los trajecitos que le quedaban pequeños a los monitos se donarían para los niños pobres de un país pobre. Estoy seguro que en uno de esos trajes de mono gordo entrarían por lo menos tres "niños pobres" y sobraría tela. Además ni todos los trajecitos de mono juntos del mundo cubrirían la mínima parte de la dignidad de un niñito desnutrido de cualquier país "pobre", o de uno rico donde también los hay. Recordé el chiste contado por mi gran amigo Mario Emilio Romanet Vargas de cuando Papá Noel decidió entregar regalos a "niños pobres", de "cierto país pobre", de "cierto continente pobre". Luego de aterrizar con su trineo y en medio de una multitud de niños famélicos y desnutridos:

- Niños, antes de la entrega de sus regalos quiero saber si han sido obedientes con papá y mamá, si han ordenado su cuarto, han ayudado en la cocina y si han tomado toda su leeeche?

En coro dantesco :
¡¡NNNOOOOOOOOOOOOOOOO!!
- Entonces, de castigo, ¡no tienen regalo!
¡Y se fue el desgranao!
DERMATÓLOGO
- ¿Doctor, cree que ganaré en las olimpiadas?
- ¡Claro! Con ese pie de atleta que te manejas te llevas todas las de oro.
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