Mario Saldaña
¡¡Quien se ríe de sí mismo sobrevivirá!! (SOFOCLETO)
16/05/2012
07/04/2012
MALA RABIA
01/12/2011
25/10/2011
SOLEDAD
Es el mirar de un niño
Es el buscar del viento
Es la gaviota perdida
de un sueño sin final
Es el grito suplicante y desgarrado
Es el buscar sin encontrar;
20/08/2011
12/08/2011
¿Cochito Cochito, ni más te hablo?
EL VIEJO Y SU BURRO
EL BURRO
Y el burro se debería acordar cuando era pollino
LA VACA
En la casa vecina vivían una pareja de ancianos con su “retafila” de hijos y nietos, todos ellos mis amigos. Me invitaron para ir a su chacra un día sábado tempranito; nunca me había despertado tan contento a las cinco de la madrugada, ese día sí por ser un día especial.
No fueron todos, sólo tres de los mocosos, el abuelo don José y yo, otro mocoso; cada uno montando su burro con destino a Sol Sol, no recuerdo a cuánto de camino. En la chacra el abuelo tenía que cumplir con sus faenas y traer las provisiones, nosotros de ayuda y más que todo de paseo.
El abuelo montaba el burro con montura, era suyo y no lo montaba nadie más. La forma del espinazo de la acémila y su silla de madera se amoldaban perfectamente, tantos años ya, con las “sentaderas” y piernas chuecas del viejo como si fueran uno solo. Nosotros a pelo; yo con bastante dificultad porque no estaba muy acostumbrado, en cambio los otros montaban y desmontaban fácilmente.
Ya clareando el día llegamos a la chacra. De inicio jugábamos en medio de los yucales todo juego que en casa no nos era permitido. “Peñíscale el rabo” decían, con uno montado encima del burro y, en vez de pellizcar, le jalaban los pelos del anca que el animal corría hecho un torpedo. Como era sin soga no me pude asegurar, el burro me tumbó y caí de barriga al suelo, caidaza que no dolió; no me explico por qué, pero no dolió. El viejo lo permitía creo que a propósito para aflojar las yucas que luego él las desarraigaba, cortaba y volvía a plantar. Nosotros las juntábamos y competíamos por ensacar.
Así pasaban las horas. Nosotros jugando y el viejo trabajando mientras tarareaba melancólico, pero contradictoriamente alegre:
…asómate a la ventana
para que mi alma no venga,
asómate a la ventana
para que mi alma no venga;
asómate que ya viene
la luz de fresca mañana,
asómate que ya viene
la luz de fresca mañana;
las aves están dormidas
las nubes vagan perdidas,
las aves están dormidas
las nubes vagan perdidas;
y tus ventanas abiertas,
y tus ventanas abiertas,
y tus ventanas abiertas…
El viejo no se cansaba de cantar y repetir “Mnchachos, falta poco, de aquí nos vamos. No muy tarde paquel tiempo nosalcance”. Hasta que de tarde, no muy tarde “paquel tiempo nosalcance”, iniciamos el retorno a Chulucanas con todos los burros cargados.
¡Qué tal solazo! Sol Sol bien merece su nombre y por duplicado. Allí el Sol sí quema, y el doble, sobre todo de tarde y en el camino que no hay sombra. Pero no se siente, no me explico por qué, pero no se siente.
Hasta que por fin llegamos de vuelta a Chulucanas que ya no era un pueblo pequeño, había crecido, ya era grande, ya era ciudad. Sus calles empolvoradas las recuerdo marrones, todo marrón; el aire, las casas con sus paredes de quincha, el barro, los adobes, las varas, las horquetas de algarrobo, los petates, las arañas con sus telas. Todo marrón claro y marrón oscuro en sus variados tonos. Las sogas y los burros amarrados en las puertas, las puertas y otros burros que andaban sueltos eran marrones, igual que las algarrobas y las pepas secas de mango que comían y los perros que los ladraban. Algunas banderas blancas colgadas de mástiles también marrones anunciaban la venta de comida, fiesta y chicha cremosita, medio blanca marroncita. Todo bajo un sol que no dejaba de brillar con fuerza en medio de un infinito celeste enemistado hacía tiempo con las nubes; y más brillantes aún que el Sol eran los ojos de “choloque” de un “quinchonal” de niños moñones de panzas marrones que jugaban calatos en las calles.
Éramos un tropel de cinco y el viejo adelante viró por otra calle. En realidad quien viró fue el burro porque el viejo iba durmiendo muy cansado, soleado y deshidratado a pesar que su sombrero le hacía una sombra más ancha que sus hombros; además era la hora de su siesta que no perdonaba por nada en el mundo. Nosotros les seguíamos.
Buena la hizo el burro que nos llevó hasta la puerta de un “piqueo” donde nos recibieron como a reyes. Me puse muy contento porque el “chicherío” era el de Ricardina, una señora muy amiga en la familia, hermana pienso yo, y su chicha y su comida siempre fueron las mejores. Nunca supe por qué le decían “Siete Argollas”; ella lo aceptaba con cariño, “me gusta con tal que me gaste” me decía cuando yo le preguntaba, muchas veces le gasté, pero nunca me cobró. A mi mucho me quería, como a hijo; yo también, como a madre. Cuando era su día la gente no cabía y se peleaban por entrar; no sería por sus hijas que eran varias, muy alegres y bonitas todas ellas.
A pesar de sus flemas el viejo y su burro eran más conocidos que caballa seca con cebolla y zarandaja; los estaban esperando.
“Don Pepito yallegao” gritaron todos adentro.
Se armó la jarana, ¡y qué jarana!
Otra vez el burro por cuenta propia metió su cabeza en la entrada por el umbral de la puerta hasta donde las alforjas le permitieron. Sabía que la “Quirina”, así le decía yo, les serviría un poto de chicha más grandes que “bacinica”, llenitos que desbordaban, uno a él y otro al viejo.
“Pónles anisao comadre que así sola no nos gusta”
dijo el viejo apeándose, todo pretencioso; babeando igual que el burro.
Les pusieron anisado, y el burro se la tomó todita igual que el viejo.
“¡Daleotro!”
“deéjalo, probeciito, ques bien cabezepoollo”; dijo Ricardina
“¡Daleotro comaadre!”, refunfuñó el viejo, “si tú bien que lo conoces”
Y la Quirina le puso más.
La gente miraba al burro y comentaba:
“Sácalel veneno, Siete Argollas”
“Burrrro maleducao, miíra cómo soórbe”
“Hasta eruta… refatal… stárutaándo”
“Se pide perdón burrrro cochino”
“Paásale servilleeta queluusa”
“No quieere céquestá suucia”
Todo el mundo se reía, carcajada general, no dejaban escuchar. Sólo eso ya era fiesta.
Más adentro el viejo bailaba marineras y tonderos, y dijo “yo me quedo, hijito no me insistas, yo me quedo y no me voy.
- "Lagüela tevamatar"
- ¡Qué “mimporta” que la vieja me mate! ¡Me quedo, yo no voy!
Afuera el burro y su chicha y la gente festejando.
Al final, no se cuántos potos de chicha el burro se tomó.
Luego de llenar la barriga ya no de “chililiques” y papayas como en la chacra sino de comida y en la mano un pedazo de carne seca asada continuamos para casa. El viejo se quedó y quien comandaba la tropa era el burro solo. Al caminar se balanceaba tanto por el peso de las yucas, papayas, camotes, mangos y limones que cargaba y por la chicha que había tomado. Le seguíamos en fila india rasgando y masticando la cecina con calma “paque dure”; todos en silencio a veces roto por alguna risa aguda cuando se lanzaba cualquier cosa en la cabeza del que estaba descuidado o por un profundo rebuzno de un burro antojado.
El burro del viejo conocía de memoria el camino de regreso entre las calles, nadie le guiaba, era él quien nos guiaba a pesar de estar borracho, porque borracho estaba. Un poto de chicha mezclada con anisado te tumba (eso ya de grande “mian contao”) y, si tomó de tres a cuatro de los grandes, el burro estaba más borracho que el hipo.
Ventarrones por aquí, polvaredas, remolinos por allá; perros por aquí, carros, camiones por allá. Plaza de Armas, hotel Americano, un poquito más allá, al frente, llegamos.
El burro del viejo entró primero, nosotros atrás embalados queriendo empuñarle que nos había ganado; ya dentro lo agarramos, descargamos y sus últimos pasos lo acomodaron parado completamente inmóvil debajo de un tamarindo en medio del corral. Las cuatro piernas abiertas para no caer, su cabeza tratando de rellenar con el pensamiento todos los huecos y baches del camino recorrido, su hocico casi tocando el suelo y, burro piurano, chulucaneño todavía, en menos de dos minutos, durmiendo.
La abuela con un palo de leña en su mano al vernos preguntó:
“¿Ónstel borracho?”
“Yentró primeriiíto, en el tamariíndo”; respondí.
“Ese no”; dijo
“El viejo, mi viejo,
¿nonstáa?
¿siaquedáuu?
¿mi viejo siaquedáuu?
¿tragüélta?
¿tragüélta siaquedáu?”
“Sigüelita, siaquedáo, tragüelta, tragüelta siaquedáo”; dijo el más pequeño.
“¡Túnotemetaschurritoeñerdacarajomnchachomitichimaleducaoquiatúnaidestiapreguntao!”
¡Del corral nació una diosa,
con sus brazos levantados,
en medio de un remolino
de patos y gallinas
que vuelan espantados!;
¡yo la vi!
El “tschié, gua, güelita nechonaaada…” quedó atrás; “¡patitas paqué te quiero!”, ya el “churritoeñerdacarajo” había salido corriendo atravesando el portón como un fantasma y el palo de leña en el aire buscando su cabeza para caer no se por dónde.
De espantos también el burro, ¡y qué espanto!; abrió un sólo ojo, dio un par de eructos, movió las orejas y continuó durmiendo. Un perro cojo debajo de un perol medio inclinado no se qué hizo, también voló. Ni un nieto quedó, solamente yo y la vieja.
“Pobre don José; levácaer…”; susurré ¡y la abuela me escuchó! Fue allí que sentí el ardor, eran las brasas de sus ojos quemando dentro de los míos que en vano intentaban esconderse como en piruetas detrás de mi cerebro. Quedé partido en dos, marrón pálido y petrificado igual al cerro Ñañañique detrás de la calle, que no mueve un pelo ni cuando truena.
La señora color de fuego brillaba roja y, sin apartar sus ojos de los míos, al “raato” me sonrió, sin duda me perdonó; pude respirar.
Su voz como que plañía:
“Viejo borracho,
nla casa niabla
que parece cojú.
¡Vasa veres graciao!
¡Pior quel viejo ñel burro,
que regresa borracho;
pero regresa!
¡Jalá fuera la misma laya, sgraciao!
De segurostá bailando,
¡la calzón con güecostá bailando!
¡Pareso llevólpañuelo!
¡Jijuneta sgraciao!
¡Agora vasaver!
¡Mias pagarás!
¡Va yover!
¡Juro que vayover!
¡Por mi taita que agora yueve!
¡Condenao!”
Al fondo el Sol levantaba sus ojos estirando sus cejas para arriba sobre la línea del horizonte queriendo ver todavía sus últimos rayos de luz naranja en el firmamento hasta que, sin más poder, se rindió a la noche; yo también.
Y al otro día temprano,
de mi casa yo aguaitando,
la leña ardía prendida,
la abuelita cocinando,
y el viejito cerca de ella,
bien sentado y esperando.
¡Parecía “cojú”!
Y el burro medio dormido,
primerito que comía,
debajo del tamarindo,
segurito se reía,
llenándose de algarrobas,
que bien se las merecía.
¡Otro que parecía “cojú”!
¿Si le llovió al viejo esa noche?, le llovió; la abuela lo había jurado, ¡y por su “taita”, que es sagrado! Aunque, por lo visto, ya estaban reconciliados o en proceso todavía.
La viejita lo miraba de reojo por un poco de atención, el viejo ni se importaba, veleto, perdido en sus pensamientos esperaba su café bien cargado y bien caliente como a él le gustaba y sin dejar de tararear, ahora bajito, la cantaleta ¡…y tus ventanas abiertas, y tus ventanas abiertas…!
En su rostro dibujaba una sonrisa que parecía “cojú”, igual que su burro. Pero no lo era; igual que su burro, sólo parecía.
Se querían, los dos viejos se querían; digo yo. ¿Qué más muestra de amor que la “retafila” de hijos y nietos que tenían?, todos ellos mis amigos, ¡¡mis grandes amigos!!
¡¡Gooooooordooo, sala jugaaaaaaar…!!
Del corral lleno de nietos me llamaban, “yelSolyastabajuera tragüeltalumbrando y quemando, los churres jugando y peleando, los patos, las “gaínas”, el perro durmiendo y…”; perdón…, la nostalgia me mata…, no puedo continuar…, estoy llorando.
.......... Este último agosto estuve en Chulucanas y di una vuelta por alli. La casa no la ubiqué. Ha cambiado esa cuadra, ha cambiado bastante, no habían "churres" ni corralones, peor burros. Don Pepito y su mujer no lo se, seguro al fondo en la Junín, ¿Dónde estarán? ¡Ni cómo coronarlos!
Caminé por la Cuzco hasta casi llegar al cerro, me pareció cerca, antes eran para mi distancias interminables, será que tenía las piernas un poco más cortas. ¡También, si la calle tiene asfalto y no hay piedras!!! lo que me asustó porque "redepente" por un momento pensé que habían asfaltado al Ñañañique; y hay nubes...
¿Nubes?... ¡¡¡Viejo amigo!!!... ¿Viejo amigo... te me escondes? ¡¡¡Amigo...!!! ¡Fiel amigo...! ¿Te me escondes tras las nubes viejo amigo compañero? ¿Enamorando cuando puedes tras las nubes fiel amigo, enamorando a colores con las nubes viejo amigo compañero? ¿Arrancando los colores amarillos escondidos en el suelo de este cerro, chililique, mango verde, oro cobre, Ñañañique?
Da un tiempo, sale y mira, frente a frente las dos caras rutilantes, extasiadas, encendidas y me dice: "date prisa, tanto tiempo ya ha pasado, se nos va; la noche llega".
"La noche llega", asentí.
Y agarrando mis alforjas de nostalgias di la espalda, rasgando y masticandolas con calma, como a la cecina, pa' que duren, consumiendolas de a poquitos y saciarme por un rato para luego querer más.
No lo pude evitar,
ya de lejos, muy de lejos,
de reojo,
lo miré;
son sus cejas estiradas para arriba las que veo
encima del horizonte,
enamorando con las nubes,
estampida de amores coloridos voluptuosos,
de esas nubes voluptuosas pespiteando con el sol;
pespiteando con el sol,
pespiteando con el sol...
De reojo lo miré,
no lo pude evitar,
por encima del horizonte
de reojo lo miré,
cuando sombras galopantes de la noche ya rodean
yo le dije hecho el Viejo Don Pepito Pretencioso
"Num burrito cabalgando,
notro agosto volveré"
28/07/2008
Mis Piecesitos
05/05/2008
HÉROE ANÓNIMO
29/02/2008
EL FURÚNCULO
...roti y ...reto
08/01/2008
27/12/2007
La televisión por cable mostraba en un programa muy entretenido a cierto grupo de personas dedicadas a la ayuda y conservación de animales en peligro de extinción; entre ellos algunos monos. Estas personas crían, cuidan y mantienen en sus casas a grupos familiares de monos. Los alimentan adecuadamente y muy bien, además los visten como si fueran personas, con trajes muy bonitos, muy lindos; por lo visto bastante costosos y dignos de pasarelas de fama. Hasta pañalitos descartables usaban. Los trajes eran mostrados colgaditos en ropero, y puestos también. Vestiditos tipo "polleras", "blusitas", "pantaloncitos", "camisitas", "bastante ropita"; llenos de colores. Todo iba bien hasta que una de las señoras "madres putativas" dijo que los "trajecitos" ya les quedaban pequeños a los monitos y que por lo tanto habían tomado la decisión (probablemente en asamblea) de donarlos para "los niños pobres", de "cierto país pobre", de "cierto continente pobre" (Lo dijo con nombres propios que no los repito)
Quienes veíamos el programa casi caímos de espaldas al piso, mejor dicho nos caímos; se nos bajó la sangre, se nos derramó la leche, se nos reventó el chupo, o como quieran entenderlo.
Particularmente creo en la riqueza, y al igual que la totalidad de los pobres (y ricos) del mundo la deseo, y busco; aquel que no, que levante la mano. De verdad que admiro a los países y personas que dedican su tiempo y dinero limpio (producto de trabajo esforzado) en conservar y cuidar animales en peligro de extinción (Nuestro Planeta APLAUDE por ellos). Está bien que alimenten y vistan animales de la forma que se quiera, al fin y al cabo cada uno es dueño de su plata y tiene la libertad de hacer con ella lo que más le plasca, siempre y cuando no entren sin permiso a mi corral. Pero me parece una gran metida de pata que en televisión por cable, en un gran canal de un país poderoso y visto en todo el mundo se diga que los trajecitos que le quedaban pequeños a los monitos se donarían para los niños pobres de un país pobre. Estoy seguro que en uno de esos trajes de mono gordo entrarían por lo menos tres "niños pobres" y sobraría tela. Además ni todos los trajecitos de mono juntos del mundo cubrirían la mínima parte de la dignidad de un niñito desnutrido de cualquier país "pobre", o de uno rico donde también los hay. Recordé el chiste contado por mi gran amigo Mario Emilio Romanet Vargas de cuando Papá Noel decidió entregar regalos a "niños pobres", de "cierto país pobre", de "cierto continente pobre". Luego de aterrizar con su trineo y en medio de una multitud de niños famélicos y desnutridos:
- Niños, antes de la entrega de sus regalos quiero saber si han sido obedientes con papá y mamá, si han ordenado su cuarto, han ayudado en la cocina y si han tomado toda su leeeche?
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